Let's Pretend We Don't Exist.

Wednesday, February 20, 2008

Rojo y Verde
Hay cosas extrañas que pasan, como en esa película en donde llueven ranas. Ese sábad fue un día antagónico, de esos cuando te ríes pero a los 30 minutos estás llorando. En la tarde ayudé a un par de amigos a plantar cebollas, suena ridículo, pero me sentí realizado. No hay nada más placentero que dar vida. Aún no soy padre, pero cada vez que enterraba un almácigo en el tibio barro era una pequeña fecundación cósmica. Sólo un par de horas más tarde, con el mismo par de amigos, estábamos disparándoles a escurridizos conejos mientras disfrutaban de una placentera noche de octubre. Di vida, también la quité. Aunque no sostuve el arma en mis manos (porque como ya lo sabes, la primera arma que tenga en mis manos, será también la última) me sentí un tanto asesino. Un conejo se sacudía epilépticamente mientras yo recordaba las cebollas meciéndose al viento. La sangre se derramaba mientras la clorofila se producía. Rojo más Verde, y de cómo un dios se transforma en sicario.



Sobre la Risa

Amo reír, pero si me río de los negros es racismo, si me río de los gays y las tortilleras es homofobia, si me río de dios es sacrilegio, si me río de los discapacitados es cruel, si me río de los judíos es antisemitismo, si me río de los pobres es inhumano, si me río de los ricos es envidia, si me río de los feos es maldad, si me río de los lindos es rencor, si me río de mí mismo es egocentrismo, si me río del sistema es ser hip-hop, si me río de los punkies es ser nazi, si me río de los nazis es ser punkie, si me río de los gringos es ser antiprimermundista, si me río de los africanos es antitercermundismo, si me río de los peruanos y los bolivianos es ser ultranacionalista, si me río de Pinochet es ser comunista, si me río de Allende es ser facho culiao…
Entonces… ¡¿Alguien me puede decir de qué chucha me puedo reír?!


3 Lugares, 3 Secretos
En los cerros:
Masticando un chicle de tolueno la Negra Sole nos abrió la puerta. Dos hombres estaban sentados viendo televisión. Nos saludaron. En la mesa, los críos de la Negra doblaban hojas de los catálogos Avon. “¿Qué tení negra”? preguntó la Pamela. “Mote, pasta, verde y prensao” contestó. “Verde” dije yo (me sentía como un colombiano hablando un lenguaje en clave del que todos sabían). “¡Ya po cabritos, apúrense con la wea!” le gritó la Negra a sus hijos. “Cinco lucas” dije “¿Y tu mamá como ha estao?” le preguntó la negra a la Pame. “Gracias a Dios, bien” respondió mi amiga quien adora los convencionalismos. “Aquí está” dijo la negra pasándonos cinco pequeños paquetes. “Oferta” decía en los envoltorios.

Todos conocen a la Negra Sole, narcotraficante por genética. Sus hijos son los que se encargan de envolver la mercancía. La Negra Sole gusta de atender a sus clientes. Primero te ofrece el sillón, después un café, y si gustas, “fúmate un pito aquí no máh.” Varias veces se ha cambiado de casa. Ahora vive en el “Barrio Alto” de esta olvidada ciudad. Pequeñas casas Serviu de ladrillos baratos y baños sin water

Detrás de la línea del tren:
El Manuel y la Gloria tienen un hijo. No sabemos su nombre. Pero si sabemos que le gustan las papas fritas. Que pal día de la mamá le escribe cartas a la Gloria. Y que cuando grande quiere ser carabinero. El Manuel vende el pasto envuelto con las hojas del cuaderno de su hijo. La primera vez que le compramos estuvimos a punto de llorar. Todos volados mirando un dibujo de un cabro chico en el que aparecía un hombre moreno flaco, una mujer rubia y un niño sonriente. “Lo que más amo en este mundo es mi familia” se titulaba. Nos sentimos culpables. Éramos cómplices de aquel parricidio en vida. Pero seguimos comprando, esperando, que en algún momento, el papel que envuelve la hierba estuviese en blanco.

Un domingo cualquiera en una cancha cualquiera:
Esas miradas coléricas, estúpidas o apasionadas dependiendo del punto de vista. La gente grita enardecida por un gol. Mientras allá en la esquina, el viejo ebrio piensa en sexo oral, la señora se acuerda de la otra señora que contó que su vecina era una yegua. ¡Conchadetumadre! ¡Malparido! ¡Maraco! El pito final, el del partido y el de los jóvenes que vemos en 90 minutos y en 3 lucas algo que otros llaman realidad.

Mano
Miro mi mano buscando algo: una mancha de sangre, un lunar cancerígeno, pintura. Pero no hay nada. Esto de gritar, pensar, callar, sufrir, dormir, cagar y rezar es cosa hecha por tontos para tontos. Observo a lo lejos unos pájaros descansando por un minuto. Cuando chico, recuerdo, lloré desesperadamente por largas horas cuando me enteré que los perros solo ven en blanco y negro. Pero: ¿como sabía mi perro Milo (Q.E.P.D.) que cuando estaba feliz vestía de azul y cuando estaba triste prefería el verde y cuando estaba asustado usaba el rojo? Pero Milo no sabía que color vestía cuando no sentía nada. Porque cuando eso pasaba me quedaba en mi pieza, mirando por la ventana esperando que se cayera un avión, o un terremoto, o una estampida de elefantes, o un grupo de mujeres piluchas corriendo entre los pastos con la cara pintada y las manos con barro. Pero estas cosas no pasan en mi pueblo.

Respeto
Solo exijo respeto. Nací pobre, entre cebollas y tierra mojada. Crecí pobre, a pata pelada y con poleras rotas. Jugué pobre, a la escondida detrás de las vacas, a la pelota en la cancha de chepica. Estudié pobre, en escuela F-222, con profesores que nunca fueron profesores, con compañeros igual de pobres que yo. Caminábamos todos los días, desde el colegio a la casa, pensando en un pan, y en lo lejano que parecía todo.

Solo exijo respeto. Mi abuelo apenas camina. Por las noches despierta y grita. Se acuerda de tantas cosas que quedan por hacer: la maleza que lo destruye todo, las acequias que están sucias, los almácigos que quedan por plantar, el arado que está oxidado.

Sólo exijo respeto. Por mí, por mi familia y por mi pueblo. Ratones olvidados en los valles.

El té en choquero sabe más rico. Especialmente cuando se acompaña con pan con palta y con tierra. No hablemos del cauceo, que se me hace agua la boca. No pensemos en el jote, que se me calienta el hocico. No me hablen de injusticia social, ni de marginalización, ni de falta de oportunidades, ni de guetos, ni de segregación, ni de capitalismo, ni de comunismo. No me ensucien los cerros con panfletos, no me hablen en porcentajes, no contaminen el agua con la distribución del ingreso.

Sólo exijo respeto. Por los míos y por los tuyos. sOlo mirAr la alfalFa y sonreíR.


Nostalgia
Los ojos se me hinchan y la sangre me hierve cada vez que recuerdo lo imbécil que he sido en algunas ocasiones de mi vida. Por lo mismo no prefiero hablar de esto, porque me demuestra que no soy para nada perfecto y que estoy lejos de serlo, pero eso tú no lo sabes, y yo lo olvido. El humo del incienso baila con la luz de la ampolleta, un espectáculo precioso, como otros tanto que transcurren a nuestro alrededor y no nos damos cuenta: árboles cantando, caracoles dibujando en el suelo, hojas secas crujiendo, el vidrio de mi ventana que tiene manchas que parecen estrellas, el polvo sobre la televisión, etc. Este es un día nostálgico… laa…laa…laa.


Sobre la oscuridad.
En Santiago no existe la oscuridad. Los góticos pierden su tiempo. ¿Te has parado alguna vez bajo el cielo nublado de invierno en donde ni siquiera puedes ver tus manos? A veces lo hago, es raro, me siento como el protagonista de una obra del teatro de lo absurdo. En Santiago hay muchas luces, las luces son bonitas pero perturbadoras. Miro por la ventana y veo luces, y no vacas ni caballos, ni naranjas ni sandías. En Santiago cierro los ojos y veo luces, de ambulancias y de aviones, de calles y de autos. ¿Quién puede ser normal en estas condiciones? Varias veces he visto el sol salir, una vez a lado de una vaca, mientras Calostro comía salchichas quemadas. En el último año nuevo estaba con varios de mis amigos sentados en una banca con unos globos en las manos, las zapatillas negras de tanto bailar rancheras, los ojos rojos y la espalda adolorida de tanto abrazo. Hubo un minuto de silencio cuando vimos el sol salir. Recuerdo ese día porque no dormí hasta la noche del día siguiente. Mientras caminaba a mi casa me di cuenta que todo estaba oscuro, estaba sólo, en un árbol cantaba un pájaro, a lo lejos un tornado, abro la puerta de mi casa y aparecieron las vacas y los caballos, y las naranjas y las sandías. Ya no estaba solo. Extraño aquella oscuridad.

Docenas
Y el viento tenía la razón. Porque la gente se comporta distinta cuando está sola, se tocan, se observan, se masturban, piensan, desean, imaginan. Y el ruido de las máquinas retroexcavadoras continúa. Zumbando, como abejas gigantes. Y mi padre siempre mentía. Pero es que nadie escucha a los árboles. Cuando los chanchos vuelen, cuando las vacas hablen, cuando las gallinas meen y cuando los patos bailen. Gritaré. Debajo de aquel árbol que en otoño se desprendía de sus hojas. Y el sol estaba en lo alto. Quizás hoy no sea el día. Y las patas de la vieja tiritan al caminar. La mirada ploma. El bastón mugriento. La cartera vacía. Y la historia de la vieja que tuvo nueve hijos. Todos hombres. Traicioneros. Vagabundos. Que se fueron por los cerros robándolo todo. Matando incluso a esa pobre gente que todos los días meten las patas en el barro hasta las rodillas. Recogiendo almácigos, que más tardes serán cebollas, y más tarde empanadas, y más tarde mojones o vómitos. Y el barro es helado en invierno. Y la gente que no para de rezar, ni de hablar sola, ni de mirarse en el espejo, ni de masturbarse, es que el viento tiene toda la razón.


Una Tarde
El sonido que emite el pájaro se asemeja a un ringtone. Vibrante e impetuoso. Él está sentado mirando este texto. Le asombran las formas de las “o”s. Y el viento mueve la hierba. Y la brisa le recuerda un vacío.

Y él cree que debe seguir escribiendo. Pues quedan infinitas cosas por decir. Y sentir. (La verdad es que dudo todo esto). Esta cosa rara que produce estar solo en una cancha de fútbol con una pierna dormida. Mientras el tabaco se consume en mi mano izquierda. Y mi mano derecha es un guerrero, o una semidiosa… haciendo formas que contienen ideas e ideas que se creen formas.

Y de repente siento que esto lo es todo. Mentira a la vez. (¿Será esto felicidad o ignorancia?)

Tuesday, February 19, 2008

Orden

Mañana recibo la orden sacerdotal y estoy muy nervioso. No es para menos, llevo diez años preparándome, masturbándome a escondidas y rezando el padrenuestro. Fue mi tía Desideria la que me indujo al camino de Jesucristo, yo igual no quería, o sea, si quería, pero leer la Biblia desde las siete de la mañana no era muy entretenido. En invierno mis primos jugaban en la lluvia, yo los veía de la ventana de mi pieza como saltaban y se embarraban y me daba envidia, mucha envidia, pero Jesús dijo que la envidia es mala, porque corroe el corazón. En el colegio no era muy distinto, mi profe de religión me abrazaba y me daba besos, me decía que yo estaba bendito, era gorda y no se bañaba muy seguido. Yo creo que me decía eso porque como quiso ser monja, pero la embarazaron, veía en mí la realización de su sueño frustrado por un espermatozoide. Hace frío y sigo nervioso. Mañana se cumplirán mis sueños, aunque no será todo como esperaba. Al Gutiérrez también lo van a ordenar, yo había conversado con el Obispo para que no nos ordenaran juntos porque el Gutiérrez nunca me ha caído bien, tiene aires de Papa. Eso le dije al Obispo. Pero me retó, me dijo que no era bueno odiar. Pero yo no le creí mucho porque de inmediato me acordé del cura Antonio que fue excomulgado porque, supuestamente, habría ido a atestiguar por un caso de tortura en el gobierno militar. El Obispo lloró cuando murió el Pinochet. Siempre hablaba mal de los comunistas, una vez, antes de que fuera Obispo, le tocó presidir una misa fúnebre, nadie le había avisado que el muerto era del FPMR. Cuando empezaron a entrar señoras vestidas de rojo, cabros con guitarras, y cuando por los parlantes empezó a sonar el Víctor Jara, ahí recién cachó que estaba en el lugar equivocado. Yo vi la cara que puso. En esos tiempos yo era sacristán, estaba chico, pero yo tengo buena memoria. La misa se acabó súper rápido. Cuando salió toda la gente, el cura se acercó y me dijo que esos tontos weones se van directo al infierno. Yo me asusté, porque jamás había escuchado antes a un cura decir garabatos. De hecho, en esos tiempos yo pensaba que a los curas no se les paraba y que no se tiraban peos. Pero no es así. ¿Vendrán mañana mis tíos de Australia? Mi mamá me dijo que tenían mucha plata. Mi mamá siempre anda preocupada de eso, de hecho cuando les dije que quería ser cura ella fue la que se puso más contenta porque como dice ella “en toda familia de bien debe haber un cura”. Espero que mis tíos de Australia vengan con la Sofía. Cuando éramos chicos y ellos todavía vivían en Chile, la Sofía se metía en mi pieza a mostrarme los calzones, teníamos como doce años, yo quería tocarla pero salía corriendo y se reía de mí. Mañana a esta misma hora seré cura, podré bautizar guaguas, casar parejas y darle la primera comunión a los pendejos. Lo que menos me gusta hacer es dar la hostia, sobre todo a los pobres, porque a veces tengo que verles los dientes picados y oler su mal aliento. Lo que más me gusta hacer es confesar. Cuando recién entramos, con el Aguirre nos íbamos a escondidas a la capilla y jugábamos a confesarnos. Él me contaba puras cosas terribles, que había matado a un cabro chico, que se había violado a su mamá, que invocaba al diablo, todas esa cosas. Yo también inventaba cosas. Una vez me pillaron bailando en pelotas en el altar. El Aguirre tocaba el órgano y el Errázuriz se puso un paño en la cabeza y se creía la Virgen. Yo creo que el Gutiérrez nos acusó. Desde esa vez, nunca más pudimos entrar copete porque nos revisaban hasta el último rincón. Pero el Aguirre siempre se las ingeniaba para entrar pitos. Ellos no siguieron. El otro día me contaron que el Errazuriz había muerto. Igual me dio pena porque me caía bien. Del Aguirre nunca más supimos algo, pero yo creo que debe estar bien, con muchos hijos. Ya, mejor paro de pensar cosas que mañana me ordenan y por fin se cumplirá mi mayor sueño.

Miedo
“!Tengo miedo¡” “¿Qué mierda hice?” le grito a Nelson. “¡Vomita, weón, vomita!” me responde. Miro mis piernas, ya no son mías. “¡Muévanse!” Les ordeno. Obedecen. Me paro y afirmado a la pared camino hacia el baño. Levanto la tapa del water y me meto los 5 dedos a la boca. Mi úvula no responde. Miro hacia atrás y la puerta ya no está. “Sáquenme de aq…” alcanzo a exclamar. Cierro los ojos. Aparecen terremotos y tormentas. Los abro, ahí está la puerta. Salgo del baño y no reconozco la casa. Camino hacia al living. Nelson me mira con cara de terror. Ismael se acerca y me estira una copa de vino. Solo puedo mover la cabeza. “¿Qué te pasa weón”? me pregunta Ismael. “F…”, “Flo…” y la voz apenas me sale. “¡Este weón se tomo un té de floripondio!” acusa Nelson. Las paredes tiritan. Las cortinas se sacuden violentamente. El piso es de agua. El televisor crece y crece. Apenas puedo escuchar. “Saquémoslo de aquí” dice Nelson. Afuera los perros me ladran. Uno me muerde. No me duele. Las luces de la calle son rojas. Adiós conciencia. Vuelvo. La luna es azul. Hay mucha gente a mí alrededor. Son mis amigos. “táh weno el carrete” les cuento. Nadie responde. Miro mis manos y mis dedos ya no están. Caminan por el suelo. Intento atraparlos pero son más veloces que mí. Negro. Despierto. Estoy sentado. Al lado mío está Nelson. Veo la hora en mi celular, pero sólo veo luz. Algo raro se mueve a mi lado. Lo alumbro con mi celular. Es una iguana gigante con escamas acuosas. Grito y empiezo a correr. Inconciencia. Luz. Estoy en una jaula. Intento escapar a través de las barras. Miro hacia el cielo y la luna es verde. Aparecen nieblas y perros que me dicen que me vaya. “No puedo porque estoy atrapado” les digo pero parece que no escuchan y siguen hablando. “Cállense perros culiaos” les grito. Pero siguen hablando. Hablan todos al mismo tiempo y no entiendo nada. La jaula desaparece. Se apagan todas las luces. Me voy a mi casa. Despierto. Estoy sentado en una banca. “Anda a acostarte mejor” alguien me habla, le obedezco y camino lentamente. Estoy en mi pieza. Comienzo a desvestirme. Me acuesto. Apago la luz naranja. En las paredes se dibujan formas extrañas que se mueven. A veces toman formas reconocibles: humanos, animales, plantas. Cierro los ojos, pero es inútil. Las formas siguen ahí. Despierto. Es de día. Miro la hora en mi reloj pero no distingo las agujas. “¿Donde las perdí?” me cuestiono en voz alta. Reviso el celular, pero no veo ni números ni letras. Voy al espejo y descubro mis pupilas dilatadas. Veo algunas luces y cosas extrañas que pasan por el suelo. Pero el resto está todo normal.

Epilepsia
¡Para de tratarme así! ¿Qué creí que soy? ¿Una puerta? ¿Un árbol? Yo tengo cerebro y se pensar. Tengo ideas y son buenas. Podría matarte ahora ya, con mis manos murientas. Pero la wea no es así. Uno tiene valores y principios. Los míos están claros. Quiero sentarme y no hacer nada, y observar como la gente weona pierde el tiempo intentando evolucionar, pero no saben nada que nos metieron el dedo en lo hocico. Los humanos no venimos de los monos, si no que de las culebras, o de las ranas, o de las arañas, o de cualquier animal culiao feo. Es que los monos son muy inteligente pa ser nuestros ancestros, si hasta se masturban. Y no me pongai esa cara de “este-weon-ya-está-hablando puras weas”. Es que la wea no es así. Tu vení con tu dinero culiao y tus mierdas sobre la razón, y el conocimiento humano, y la ilustración, y la enciclopedia, y las leyes, y la sociedad organizada, y yo solo pienso:
“ANDATEALACONCHATUMAREYMETETEUNPALOENLARAJA”
Porque todo es mentira, todo, absolutamente todo es mentira, y me niego a seguir caminando en seis patas como una hormiga, y me niego por 10 horas a ser el weon que todos creen que soy, y me drogo, y soy el marginal, y soy el que nadie quiere ver, y me saco los mocos de las narices, y me vuelvo a drogar, y me como las flores y le ladro a la gente, y me revuelco por los suelos y escupo sangre, y me sigo drogando, y converso con los perros y miro las estrellas y me meto al agua y me vomito pa seguir drogándome y me muerdo la lengua y me fumo los cigarros del suelo y me asombro de las piedras y persigo mi sombra y me vuelvo a drogar.

Sobre los Arboles, el Calor y Yo.
Camino por la calle, hace mucho calor. Cuando chico me gustaba subirme a los árboles, lo mas alto posible apenas estaba arriba me quedaba quieto y empezaba a sentir como el árbol completo se movía. Era mi especie de Fantasilandia personal mezclada con hinduismo e incienso. A veces no lo hacía solo, con mis primos/amigos/vecinos teníamos un árbol favorito. Era un níspero, el abuelo le corto algunas ramas para que no nos pudiéramos subir. Mi abuelo era gordo, pensábamos que era porque sí, aunque era extraño ya que en mi familia todos somos flacos, bueno, el asunto es que mi abuelo tenía cáncer al estómago y murió hace 4 años atrás. Mi prima/vecina/amiga Nicolle una vez lo subió y lo bajo a garabatos. Fue gracioso.

Una amiga me contó que uno podía reencarnar en árboles.


Yo no soy un árbol.

Yo Soy.
Yo soy el que come por estricto orden alfabético, primero el atún, después el pan y al final la zanahoria; el que inventa rutinas tan absurdas como ésta.
Yo soy el que contempla atardeceres rojizos y que después se siente estúpido por haberse conmovido.
Yo soy el que toma saca fotografías a pétalos de flores, corchos de vinos baratos, papeles arrugados, sillas viejas y que espera a que alguien las vea y se emocione hasta las lágrimas.
Yo soy el que se acuerda cada veinte minutos de episodios vergonzosos y que vuelve a sentir las cosquillas en la guata, la sangre en la cara y los deseos de no existir.
Yo soy el que se enoja sin razón, frunce el ceño y planea sangrientas venganzas, y soy el mismo que al minuto se arrepiente y jura ser bueno.
Yo soy el que escribe en los baños públicos “Colo-Colo campeón”, mira alrededor y se siente flaite.


Rehab
Una chica que conozco hace muy poco me dijo que debía internarme en un centro de rehabilitación, me reí demasiado, pero después estuve a punto de llorar, porque no era broma. No se por qué cuento esto, yo no soy un pobre weón marihuanero (aunque planee hacerlo) ni tampoco soy un depresivo que sólo quiere autodestruirse, aunque a veces me cuesta creer que haya gente que me quiera. Extraño a mi perro, era honesto, me quería. Se llamaba Milo, murió hace dos años, no me dio pena hasta hace muy poco, ahora cada vez que pienso en él me dan ganas de llorar. La Anita me preguntó si estaba en el mal camino, le respondí en seco que no, pero jamás me quedó claro a que se refería con la pregunta. La Jocelyn me dijo que yo hacía puras weas. Sueño con agua que se desborda. Mares polares y mares tropicales, también ríos. El paisaje es sublime, pero el agua es devastadora y debo huir. A veces salvo personas: mi familia, mis amigos mi perro. Pero la mayoría de las veces me canso de correr. Quizás sea ese el problema.
La misma chica me preguntó que se siente estar volado. Le respondí: imagina que vuelves a ser niño y tienes en tus brazos tu juguete favorito, que al mismo tiempo es el más viejo y feo; imagina que vas por la calle y alguien te llama entre la multitud, miras atrás y pero no hay nadie; imagina que alguien te dice que tú no eres tú, y piensas y piensas en eso. Eso es volarse. Es ser tonto, creerse tonto. Pensar que quizás 1+1 no es 2. Pensar que Pinochet se ganó el premio Nóbel de la Paz y que era una buena persona después de todo. Pensar que Madonna se lava el pelo con Ballerina y que en invierno sufre de cistitis. Cuando estás volado es fácil creer todas las mentiras. Es fácil creer que eres feliz, estás bien y que tu perro nunca murió.



Distemper
Porque el ser humano siempre quiere estar en donde no está, y ser quien no es. Incluso Jesucristo debe haber pensado renunciar a su destino divino, pero bueno, Jesucristo no era un ser humano. Por eso detesto esas miradas coléricas, odiosas. Porque ver en el otro lo que uno no es, es maldecirse, es suicidarse, es negarse. Por el verano las cosas no cambian mucho. El calor hace que la gente se ponga un poco más tonta, y los pobres campesinos debemos aprovechar lo que será la única época en que la paga superara el sueldo mínimo. Y nos sometemos al latigazo, pensando en la piña culiada que el cuico colado se toma en la playa, guata al sol, mirándole el culo a las argentinas, y pensando en que pensar. Pero bueno, ese es el “destino” o la wea que sea que nos condeno al sol culiao, las patas con barro y las manos con llagas. Pero bienaventurados los pobres porque serán ricos en el cielo, maldita biblia, nos metieron el dedo en el culo desde un principio, subliminalmente se nos enseño a quedarnos callados, que a esta vida no se venía a ser feliz, sino que a sufrir, a entregarse al señor, por un par de lucas, o un pitcher y un completo. Y nos metieron el dedo en el culo, porque hasta yo creí que las patas con caca de vaca eran poéticas, y que el vino sabe mejor bigoteao. Bienaventurados los pobres… callate cura culiao!!!! No veí que esos saco wea se llenan los bolsillos con plata, no es la plata lo que me importa, sino la comida, las vacaciones, los copetes que los pobres no nos podímos tomar, y me da rabia, y me dan ganas de llorar, y me dan ganas de golpearme, y me dan ganas de hacer tantas weas que no puedo hacer, y me dan ganas de mandar todo a la chucha, y me dan ganas de culpar a alguien, pero todos se hacen los weones, incluso yo… Porque el ser humano siempre quiere estar en donde no está, y ser quien no es, y me disculpo a mi mismo, y me doy una explicación como si el sufrimiento fuese racional. E intento ver todo en colores, e intento pensar que debe haber alguna pretexto pa lo que a simple vista es un descarado robo. Y me paso tu discurso religioso por la raja, porque no es dios el que condena.


Autorretrato
Soy José Herrera López; en realidad ese es solo mi nombre. Afortunadamente, no nací en esta ciudad. Mis amigos me dicen que soy un poco gruñón y que los ofendo contando chistes del tipo: “¿Sabias que los santiaguinos son capaces de distinguir 43 tipos de gris?” Nací en Llay-Llay (Viento-Viento o Vientos o Viento fuerte en una lengua que se niega a desaparecer), una pequeña ciudad agrícola en donde la gente aún cree en la llorona, va a los partidos de fútbol los domingos y jura por Dios. Me gustan los colores, especialmente el azul y el verde. Cuando chico lloré como por 3 horas la vez que mi papá me contó, sin que mi mascota escuchara, que los perros ven en blanco y negro. Pensé que estaba enfermo, pero crecí y me di cuenta de que muchos seres vivos, incluyendo a la raza humana, no saben distinguir el rojo del púrpura, o a un chancho de una vaca, o a un pino de un quillay. Odio andar a pata pelada y pisar azúcar. Odio que las sábanas se salgan de la cama. Así soy yo, un tanto alegre, chistoso, garabatero y enojón.